Ignición letras

Mundial, último día

2020.07.14 15:41 pgfiori Mundial, último día

Dos años atrás, 14/07/2018, pero era sábado así que la prisa de este martes no existía, el receso de invierno daba inicio por lo que las dos semanas siguientes serían un bálsamo quitando la costra que las rutinas imponen luego del año nuevo. Me dirigí a buscar pan, calculaba que estarían por casa luego del mediodía así que con iniciar el fuego a la diez y moneda estaríamos bien no siendo sorprendidos con la carne cruda. La mañana se presentaba fría y nublada, el clima no acompaña en muchos momentos que uno puede escaparse del mundo pero no por ello íbamos a dejar que nos arruinara la ocasión. Regresé con dos kilos mezcla de flautas y de galletas, la ignición vino con un soplete improvisado que colgaba en el extremo del mismo cable usado para deshacernos del pasto, actividad esta que en esos meses mermaba teniendo que retomarla al caer septiembre. Las chispas brotaron de los carbones, el papel se consumió no sin antes resaltar por última vez las letras que contenía, la cortina de humo se elevó por un rato para después ser reemplazada por el crepitar de esa fogata que comenzó a expandirse. Las dos parrillas aguardaban el momento de la purga, de recibir el beso naranja desapareciendo las impurezas por el obrar del fuego y de ese papel extraído de la misma bolsa que se ocupaba de frotar los hierros. A las once inició el ritual con los pedazos más gruesos primero, controlando que se hagan parejos sin rastros de rojo y el resto va atrás hasta llegar a las tiras que sobre el mediodía iniciaron su cocción. Hacia las trece horas cayeron por acá, el parlamento duró poco dado que vino la deglución, el silencio que envuelve a los comensales hasta quedar satisfechos pasando a las barajas. Una falta de envido con veintitrés es una locura, peor aceptarla con veintiuno pero el riesgo es del otro en este caso así que mejor retirarse invicto yendo al postre que venía en dos fuentes. El sol abrió su concierto, las nubes se evaporaron aunque tal vez a alguno se le aguó la fiesta ese día, las dos ventanas del frente sirvieron de fondo de esa fotografía que yace a un costado del escritorio con todo el brillo de esos años. Luego como en todas las historias en las que uno está ocupado pasándola bien llega el momento del hasta pronto, quedando un retazo para ver el atardecer desde atrás de los rectángulos que forma el cerco perimetral que ahora sirve de limitación a nuestra movilidad. Mucho más que en ocasiones pasadas, haciendo que se anhele esos momentos que se sumaron al montón de recuerdos que valen en forma inconmensurable y de los que puedo hacer una lista sobrándome los dedos de la mano. Conservado el recuerdo en un enorme espacio de esa baliza que parpadea en lo profundo, justo a la izquierda, asociada la misma a los sentimientos que se esconden para salvarlos de los pisotones que muchas veces recibimos. La imagen no se quedó en el dispositivo, trasladada al papel salió de un sobre en el que estaba durmiendo e inició la vigilia hace unos cuatro meses, sirviendo de atalaya desde donde otear el final de este encierro. Al día siguiente descubriría que la final del mundo no iría acompañada de los dulces que ilusamente pensé habían sobrevivido al sábado.

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